Martes, 28 Noviembre 2017 16:36

EL LIDERAZGO DISRUPTIVO DE FERNANDO MÖNCKEBERG. MÉDICO QUE LLEVÓ A CHILE A ERRADICAR LA DESNUTRICIÓN INFANTIL

Para que un cambio de paradigma sea posible se requieren cambios progresivos en el tiempo, estrategias y capacidades nuevas además de liderazgo para movilizarlas. Estas fueron algunas de las combinaciones que permitieron que el proyecto país de Fernando Mönckeberg rompiera paradigmas y prosperara en circunstancias desafiantes. Fue el encargado de orquestar múltiples perspectivas y prioridades de distintas partes interesadas para erradicar la desnutrición en Chile, en una época en que nuestro país presentaba los peores índices de salud de América Latina.

¿Qué hizo que Fernando Mönckeberg pasara de una investigación diagnóstico a una investigación orientada a la solución? ¿qué hizo para romper con los esquemas clásicos? ¿Cómo logró impulsar el cambio e involucrar a los políticos en una política de Estado?

En la entrevista nos responde el médico, académico, fundador de la Corporación para la Nutrición Infantil (CONIN) y del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA). Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas en 1998 y Premio Nacional de Medicina en 2012. Quien ha escrito más de sesenta publicaciones científicas y es autor de varios libros entre ellos: “Contra Viento y Marea: hasta erradicar la desnutrición”, donde recorre el proceso que llevó a Chile a erradicar la desnutrición infantil.  

HABÍA QUE DEMOSTRAR QUE EL PROBLEMA IBA MÁS ALLÁ DE LO QUE SE VEÍA SUPERFICIALMENTE

¿Qué lo ha impulsado, en su deseo más íntimo, a trabajar por erradicar la desnutrición en Chile?

Uno miraba alrededor y no tenía una explicación de lo que estaba sucediendo en el país.

En 1950, Chile era extremadamente pobre. Y dentro de esa pobreza vimos un daño en los primeros años de vida de los niños y lo que sucedía posteriormente estaba relacionado con esos primeros años.

Me pregunté ¿por qué no se podía salir de esa pobreza? Un niño iba a poder expresar su potencial genético en la medida que el medio ambiente fuera suficientemente generoso con él, el micro ambiente familiar, las condiciones adecuadas para la estimulación cognitiva, la educación y la alimentación.

Podría haber llegado hasta ahí con la investigación porque como estaba Chile no había solución. En esos años nuestra mortalidad era la más alta de América Latina, sin embargo, veía que después de los dos o tres años de vida los niños seguían muriendo. La expectativa de vida era de treinta y dos años, es decir, ese riesgo en los primeros años de vida repercutía a lo largo de los años.

Para pasar de una investigación de diagnóstico a una investigación destinada a la solución,  había que comprometer a distintos sectores.

Lo que más me llamaba la atención era la aceptación de esa realidad que no tenía modificación.

Les decía a las personas; “¡los niños se están muriendo!” y me respondían; “se están muriendo de neumonía, diarrea, broncopulmonía, etc., pero nadie se está muriendo de hambre”. Se explicaban que los chilenos tenían piernas cortas porque se mezclaban con los araucanos. Entonces, había que demostrar que el problema iba más allá de lo que se veía superficialmente. Y eso costó.

Y qué lo impulsa a ir por la solución. Me imagino que después con el tiempo lo ve como una acción para la igualdad de oportunidades… ¿qué lo impulsó a ir más allá?

No sé lo que me impulsó. Era un desafío, en la medida que se iban despejando las cortinas que lo obstaculizaban, surgían nuevas preguntas y desafíos que requerían nuevas respuestas. Todo eso me llevó a diferentes etapas. Me tocó trabajar con distintos especialistas que miraran el problema de distintos ángulos para hacer una conceptualización global. Eso me llevó a formar el INTA, el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos.

Entiendo que su manera de pensar de forma sistémica considerando diversas perspectivas lo hizo romper con los esquemas clásicos…

Son hechos que se van sumando hasta que aparece una solución.  

El problema de los niños era que vivían en una población marginal donde no había agua potable ni alcantarilla. En los primeros años podíamos lograr que tuviera una alimentación adecuada pero lo más probable era que todo lo que hiciéramos se fuera en diarrea en los días siguientes.

Uno veía un problema más grande y más difícil de solucionar. Por eso, teníamos que desarrollar equipos con otros puntos de vista. Llegamos a saber que en la educación había una tremenda deserción en la educación básica, entraban cien y terminaban veinte. Estudiamos eso y llegamos a la conclusión que había incapacidad de aprender. Entonces, no solamente teníamos que considerar el crecimiento físico sino también el cerebral e intelectual. Todo esto lo ibas descubriendo a medida que íbamos profundizando en alternativas de solución.

Chile era tan pobre que la caridad internacional nos sirvió para el financiamiento de la investigación. Había que buscar en el extranjero. Estando en Estados Unidos me había preocupado de hacer contactos con instituciones que financiaban como la Nutrition Foundation. Había que presentar proyectos de investigación y cumplirles porque con eso ganaban prestigio con sus patrocinadores. Durante esos años había que realizar los proyectos y entregar resultados en una publicación ojalá internacional.

Para la investigación, no bastaba sólo un Pediatra sino que un Pediatra dedicado al problema gastrointestinal, y otro en desarrollo psicomotor o en psiquiatría. Así se iba montando hasta llegar a presionar a la sociedad para que tomara las medidas necesarias.

¿Cómo logró impulsar el cambio e involucrar a los políticos?

Una medida era aprovechar a los seres humanos que estaban en la lucha por el poder. En las elecciones de esos años habían tres candidatos, Allende, Tomic y Alessandri. Ahí estaba el secreto, había que convencerlos que esto era un buen elemento para que lo utilizaran a su beneficio, que era la satisfacción del poder.  

Mire que inteligente…

(Ríe a carcajadas) Entonces nos organizábamos. Decíamos, tú que eres medio izquierdista anda a hablar con Allende, tú que eres medio demócrata cristiano con Tomic, tú que eres más derechista con Alessandri. No era comparable con ninguna agencia de promoción (ríe).

En la década del 50 nació el Servicio Nacional de Salud con unos pocos hospitales. Nosotros íbamos a necesitar un lugar preventivo para que los niños que estaban naciendo pudieran mejorar sus condiciones de vida futura. Para eso, necesitaba un servicio de salud distinto, habíamos calculado que íbamos a necesitar dos mil centros, y otros mil centros en zonas rurales, en total tres mil centros, eso significaba una gran inversión tremenda para que en cada centro hubiesen especialistas. La pregunta era ¿cómo vamos a llegar a esas madres que tenían escolaridad de dos años? Ahí nació la leche purita como un incentivo, usted viene para acá y le entregamos tres kilos de leche y qué pasaba, vendían las leches. Y en dictadura aprovechamos eso, tuvimos la ventaja que no nos cambiaron nada, se aceptó como un mecanismo de cobertura nacional.

Respondiendo a la primera pregunta, me motivaba el desafío que veía en los obstáculos y el pensar en solucionarlos.

¿Qué hacía que usted viera posibilidades en esos desafíos? ¿en qué se relaciona esa capacidad con su experiencia infantil- adolescente?

La verdad es que fui muy mal estudiante, no me interesaba el colegio, no me provocaba en absoluto. Éramos diez hermanos, mi madre falleció cuando tenía cinco años así que no la conocí, sí recuerdo a las nanas.

Tenía baja autoestima, estaba en el colegio de los padres franceses y me echaron por hacer una travesura. Luego de eso, mi padre me internó de marzo a diciembre, pasé mi educación bastante independiente de la familia.

Ante esto, o sucumbes o construyes una coraza y la coraza te protege. No tenía ninguna posibilidad de entrar a la universidad. Cuando estaba internado había una señora llamada Teresa Aránguiz que tenía mucho dinero, ella pedía que le fueran a rezar misas todos los domingos, y yo como asistente iba con el curita. Con ella hicimos amistad, ella pedía que el monaguillo fuera yo. Un día, cuando tenía que salir del colegio debía tomar la decisión de hacer el servicio militar, era la opción que me quedaba. Un día, vestido de milico visité a Teresa y me preguntó qué quería estudiar. Y me insistió tanto que le dije Medicina en la Universidad. Dije medicina porque escuchaba a mi familia que hablaban de eso, tenía muchos parientes médicos. Ella mandó a buscar a Carlitos, Carlos Casanueva, rector de la Universidad Católica y le dijo que quería que me recibiera en la Universidad. Él muy enojado, aceptó. Me escribió una nota que decía: “Señor Mönckeberg espero que sepa reconocer lo anómalo de su situación y que sepa cumplir con su deber”.

Entonces no tenía vocación de médico, se fue desarrollando…

Sí, fueron las circunstancias, por eso me es muy difícil contestar esa pregunta inicial. Creo que me impulsó más la personalidad, no es un espíritu de generosidad porque no creo que sea generoso ni mucho menos, simplemente son desafíos que se van poniendo y que por genética vas tratando de solucionarlos en vez de hacerte a un lado. Creo que es más por personalidad que por compromiso social o colaboración con el prójimo.

Usted habla del dinamismo del cambio, y en ese dinamismo, sobre cómo nos adaptamos a lo que surge.  ¿Qué cambios espontáneos están surgiendo en Chile que se tienen que atender?

Estamos en un momento histórico que corresponde al boom del conocimiento nuevo. Durante años, la sociedad fue adquiriendo uno que otro conocimiento, por ejemplo, el descubrimiento de la rueda, del fuego, pero todo era muy lento tanto que los cambios no se apreciaban. Y hoy estamos viviendo un cambio tremendamente dinámico, una explosión de conocimientos nuevos en un plazo muy corto. El desafío de Chile es entrar en esto.

Los países que generan esos conocimientos tienen mejor calidad de vida, unos se llaman desarrollados y otros sub-desarrollados. El desafío está en cómo adaptarse y participar en la generación de nuevos conocimientos.

Creo que Chile se ha desarrollado más en estructura social y económica que los países de América. Y esto no perdurará mucho tiempo si la región no alcanza ese nivel. Entonces, Chile no podrá continuar en su desarrollo si su mundo que lo rodea está en subdesarrollo. Es decir, el futuro de Chile depende del futuro de la Región y de cómo va a ser partícipe de esa génesis del conocimiento.

¿Qué nos muestran los índices de obesidad?

La evolución nos lleva a este estado. La obesidad es una epidemia de los últimos 50 años que afecta a la mayor parte de los países del mundo. Mis amigos me dicen se te pasó la mano (ríe).

Tiene diversas causas pero falta mucha investigación para saber por qué se produce esta epidemia. Hay una disrelación entre las calorías que estamos consumiendo y las que estamos gastando. Hay teorías que tratan de explicarlo pero que no satisfacen por la simplicidad. Algunos piensan que la causa está dada por factores que alteran el metabolismo de las bacterias intestinales por los antibióticos.

Y la que parece más lógica es que se ha producido un avance del conocimiento que reemplazó el trabajo humano por el mecánico y que ha llevado a un sedentarismo. Hoy es más fácil el acceso al alimento, en los últimos cien años se ha dado esta súper abundancia de alimento y por otro lado, lleva al sedentarismo, a estar sentado en la oficina.  

Las cosas están sucediendo de forma tan rápida que es difícil predecir lo que va a suceder.

El ser humano necesita un equilibro entre lo que ingiere y lo que gasta. La pregunta es por qué en el ser humano el equilibrio se rompió y por qué no se rompió en el resto de los mamíferos. En África no podría haber un elefante obeso (ríe). En cambio, en el hombre se desacopló la ingesta de la demanda. Creo que tendrá que cambiar la condición de vida, la única solución será que gastemos lo que estemos ingiriendo, y eso es posible con el ejercicio físico, si no va a bajar la expectativa de vida, porque la obesidad que surge en los primero años tiende a mantenerse y produce enfermedades como hipertensión y enfermedades degenerativas en el adulto.

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