Viernes, 07 Abril 2017 11:36

Arte que sana

Roberto Nicolini, actor, director y animador chileno, conocido por animar el famoso programa infantil “Pipiripao”, representa en la obra “Jodida…¡pero soy tu madre!” a una madre quejosa y posesiva cuya relación con su hijo se basa en el apego, la manipulación, el miedo a la vejez, el dolor del abandono y la soledad. En la comedia, esta madre pone de manifiesto el lado egoísta del ser humano y el sufrimiento que conlleva satisfacer los deseos a cualquier precio. La madre, en su deseo de no compartir el amor de su hijo con la nuera, manipula cada situación desde donde declara: “un hijo no traumado es un hijo no amado”. Así mismo la relación competitiva con la nuera la lleva a repetir (con humor) durante varias veces : “porque si no gano, empato”. 

Sin embargo, esta madre quejosa no termina así. Se transforma momentos previos a su muerte cuyo nuevo modelo de pensamiento la lleva a comprender que si bien la vejez es inevitable ser una vieja jodida es una opción. Esta comedia, es quizás, la metáfora que Roberto Nicolini pone al servicio de la gente reflejando sus propios aprendizajes de vida, demostrando que en todo momento se puede despertar la esperanza encendiendo una  luz en medio de la oscuridad.  

Esta obra nace del trabajo investigativo que Roberto Nicolini hace sobre el comportamiento de madres y suegras, donde destaca que los hombres chilenos son mejores hijos que maridos, creando una comedia estelar con seis años interrumpidos en cartelera.

Roberto ¿cómo has llegado a crear esta obra?

Llegué después de muchas andanzas descubriendo que todo es posible. Sabiendo que puedes hacer televisión sin plata como ocurrió con el programa Pipiripao, después de eso estuve en un canal grande en Santiago que fue vendido y dije: hago circo, hago teatro, me voy a Olmué, pondré un colegio y para ganarme la vida levantaré un restorán. Nos fue muy bien con el restorán hasta que un mes de marzo nos queman todo, no teníamos seguro y quedamos en la calle pagando muchos millones de pesos. Llevo, al menos, 17 años pagando una deuda de casi 300 millones de pesos. 

En la obra “Jodida pero soy tu Madre”, hay un texto que dice: “Si algo te hace mierda tú elige qué mierda ser, si la que sirve como abono para el campo o la de alcantarilla que se manifiesta en la queja”.

Yo dejé de quejarme cuando me di cuenta que también se había incendiado el piano de uno de mis hijos. Ese día del incendio, se acercó una señora de la zona y me dijo: ¡fuerte lo que te pasó pohh! Viste si tu destino no era hacer sándwich, pégate la cachá…pero no estés triste”, y me dice una frase que me liquidó y no olvidé nunca más: “ahora tienes que elegir si eres el carbón del piano o la música que se tocó ahí, así que cambia la cara tienes tres hijos chicos”, y se fue. 

Bailé con la fea económicamente mucho rato y me costó levantarme. Después de eso comencé a pensar ¿en qué soy fuerte? y dije ¡voy a ser una voz alternativa! Empecé a buscar textos para saber qué era lo que consumía el público. Y descubro el éxito de la Pilar Sordo que baja conceptos de la psicología a una persona que vive rápido y sin mucho tiempo. Me contacté con ella y a la tercera lectura de su libro me quedó clarísimo los resortes que habían ahí y resultó la obra “Viva la Diferencia”, el modo más serio de hacer comedia. Esto fue hace diez años y la obra se sigue haciendo. Mientras que, la obra “Jodida…pero soy tu madre”, es una consecuencia de la anterior, que surge al revisar los matrimonios en Chile, aparece este tema que los hombres son mejores hijos que maridos. De ahí en adelante, empezamos a investigar y descubrimos que la televisión no mostraba a esta señora de la familia chilena que nos toca a todos. 

El que mira para atrás se le pega la pelá, creo que la vida es pa delante. Hace unos años me llamaban de discotecas para pedirme cantar canciones del recuerdo del programa Pipiripao y estaba hasta las cinco de la mañana, pero seguir en eso era quedarme pegado, entonces dije ¡eso no lo voy a hacer más! Entrar en la onda de la nostalgia es una trampa. 

Si la nostalgia es una trampa, ¿qué trampas tuviste que desanudar para hacerte más consciente? 

Primero perder todo ego (el ego es el pequeño argentino que todos tenemos dentro)

y asumir que podía caracterizar a una señora de 88 años, es un trabajo donde te abandonas a ti mismo y surge el personaje. Y luego aprender a renunciar a todas tus lógicas para que apareciera el humor. Dejar todo estereotipo. En la obra no me importa verme bien, me importa verme real. 

Me ha sorprendido los momentos dramáticos de la obra. Una misma escena la puedes hacer en el tono festivo y la misma cambiando los énfasis destacas el drama, a veces es más fácil decir una verdad desde la risa porque pierdes el respeto al tabú.

Para mí desarrollo, el arte que no sana no tiene sentido, tienes que ir a ver una obra de teatro y tienes que salir mejor y que seas profundamente sanado. El teatro que no sana no me interesa.

En la vida, lo que es afuera es adentro, me imagino que esta obra tiene mucha relación con una sanación interna tuya para lograr una obra que tiene como propósito sanar.

Sí, por eso esta obra no podría haberla escrito antes. Hice mucho trabajo de perdonar después del incendio. Tenía una casa preciosa y al banco le entregué todo, mi parcela, la casa de veraneo, un departamento de Santiago, a mis hijos tuve que sacarlos de colegios particulares para ponerlos en colegios municipales, fue fuerte. Para no andar tóxico por la vida en algún momento decidí ser la mierda de abono, pero eso implicó todo un proceso.  

Me ayudó mucho leer y ver al otro, y hacer trabajo social. Hice misión en Alto Hospicio para dar aliento a las personas. Aprendí a ver el país que duele y te das cuenta que en todas las capas sociales hay gente doliente. En este caso de “Jodida”, se muestra que uno no tiene contemplada la vejez de los padres hasta cuando se transforman en una carga, y te das cuenta que el sistema social tampoco los contempla. Y siento que a esas personas tenemos que tratar de darle esperanza.

¿Qué tuviste que aprender para sanar?

Hay algo que cuesta, ahora que me lo preguntas lo pienso, es que somos unas criaturas imperfectas y no somos semidioses. Aprendí que todo lo puedo hacer en la medida que sé lo pequeño que soy dentro del universo. Ya no mato hormigas, las saco, me cuesta matar zancudos. Cuando aprendes que eres pequeño cambias. Hay mucha gente que se cree semidios por el hecho de tener un buen trabajo, sueldo, por la casa más grande del barrio y de repente te vas a la mierda. Lo vi en casos bien dolorosos en que la vida me aterrizó, doy gracias que fueron momentos en lo que me pude levantar.

Y de ahí te vuelves a parar, hoy tengo nuevamente mi casa estoy ganando dinero y todo está en sintonía, pero a partir de lo que quiero y no de lo que el resto me dice que tengo que hacer. 

¿En qué te cambio esa comprensión?

Pensé que me había casado para siempre y de repente me veo con tres niños y tuve que sacarlos adelante cumpliendo un rol que no sabía. Estaba empobrecido en términos de renta. Tuve que emparejar calcetines después del lavado y aprender a lavar por colores.

Me sirvió mucho bailar con la fea, salir de mi casa y arrendar una en un lugar sencillo. Me costó mucho recibir ayuda, mis hermanas me ayudaron en un momento dado. Para asuntos de mamá estaban las tías. Yo era el macho proveedor absoluto y exitoso, trabajando de lunes a domingo.

¿Qué es para ti esperanza? la mencionas cuando te refieres a la obra.

Esperanza es dar por cierto lo que no ves en lo inmediato y que a veces es imposible de ver. Aunque la esperanza sin acción no funciona. La esperanza es como encender un fósforo en una pieza oscura, es mínima la luz pero derrota la oscuridad.

Si fueras espectador de tu propia obra, ¿en qué momento surge la esperanza y donde te conectarías con ella?

Hay dos claves si veo la obra. Cuando la señora enfrenta a la nuera desde la nuera, cuando están desalojando la casa y se da cuenta que la nuera no es mala persona sino otra persona. Y eso abre un abanico reflexivo acerca de cuántas veces perdemos el tiempo pretendiendo que el otro sea una proyección nuestra, donde el otro no tiene que ser como tú dices sino que tiene que ser simplemente. Y en ese despojo la señora descubre que no había maldad.

Y después, cuando da por vivido todo lo soñado y por ganado todo lo perdido. En ese texto tú dices, ¡chuta nada es pérdida entonces, todo es aprendizaje! Nada es pérdida, la pérdida es para los ingenieros comerciales cuando sacan cálculos, yo creo que cuando uno convierte la pérdida en una experiencia, empiezas a entender el sentido de la vida, porque tiene una clave que descubrir ahí.

Aprendí que cada obra es la última, lo que estoy diciendo hoy día es en el 2017, si fuera la última entrevista estaría feliz porque te lo dije todo. 

¿Tuviste una experiencia puntual con la muerte?

Sí una experiencia puntual, la muerte tiene directa relación con la vida.

San Agustín dice: “la casa que vamos a vivir en el cielo la empezamos a construir acá”. Entonces los cimientos los construyes acá, si mientas, buscas el camino corto, quejoso, no esperes un cielo mejor.  

Me di cuenta que uno va muriendo en muchas cosas viviendo desde el ego, sintiéndote el hoyo del queque, y uno va mutando. Pero la vida no es igual, la vida en todo momento es un nuevo desafío.

¿Cómo ves tu futuro? y con esto agrego la siguiente metáfora cuando hablas de la muerte y dices “El cielo será de acuerdo a las acciones del ahora”. Si estuvieras en ese cielo que quieres estar ¿qué tienes que hacer acá?

Trabajar mucho. Creo que tengo una misión y ahora me puse un desafío que es trabajar el doble, abriré una sala de teatro (Teatro de Las Tablas, ubicado en el barrio Bellavista, Santiago de Chile) para no depender de otros teatros. Estoy muy agradecido de Andrea Pérez de Castro quien rescató la obra “Jodida pero Soy tu Madre” y me invitó al teatro Mori, después estuvimos en Ictus gracias a Sharim, y volvimos al Mori y llegó el momento donde se están cerrando los teatros, algo me dice que lo más inmediato es tener un espacio. 

Me hice una auto invitación a salir de la zona cómoda y volver a estar en la boletería. A los 28 años tuve tres teatros en Viña del Mar y supe lo que era mantener salas. 

Para mí la vida empieza hoy, a mis 57 años, y estoy convencido que es el momento porque no quiero llegar al cielo con cosas a medias, diciendo; puede hacer esto y no lo hice. 

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