Jueves, 25 Enero 2024 18:07

Entrevista a Betsy Anciani

Por Paul Anwandter 

BETSY ANCIANI

Presidente de ICF Colombia, licenciada en Administración de Empresas con MBA en Gerencia Ejecutiva Global. Coach Profesional Certificada, especializada en Coaching de Carrera y reubicación laboral. Facilitadora de aprendizaje y líder en desarrollo personal. Máster Practitioner en Programación Neolingüística.

Paul: Muy buenas tardes, querida Betsy. Un gusto estar contigo.

Betsy: Buenas tardes, Paul. Gracias por esta invitación.

Paul: Un gusto. Bueno, nosotros estamos acá para que tú nos hables a la revista Icimag de Chile, pero que al mismo tiempo es vista y leída por mucha gente en América Latina y en países de habla hispana.

Y estoy nada más y nada menos que con Betsy Anciani, quien es una persona maravillosa que tuve la oportunidad de conocer en Cartagena de Indias. Es presidenta de ICF Colombia, multipersona en muchos factores que ustedes van a descubrir hoy día.

 Le voy a pedir a ella, que aparte de lo que yo sé que es una excelente profesional, gestora de talentos, coach ejecutiva, coach de vida y muchas cosas más, una venezolana en un país que la acoge y la propulsa a nuevas vidas… Que nos diga: ¿Quién eres tú, Betsy?

B: Gracias por esa pregunta y me emocionaste cuando dijiste que soy venezolana en un país que me acoge, en Colombia. Colombia es mi hogar desde hace varios años. Nací en Venezuela y toda mi familia está allá. Tengo solo un hermano en Colombia. Soy madre de dos preciosas mujeres de 25 y 19 años. Yo soy una mujer apasionada por la vida, por conocer a otras personas, por escucharlas, por hacer amigos. Me gusta tener amigos en todas partes del mundo.

Después de nacer en una ciudad muy pequeña, una ciudad que no tenía más de 300.000 habitantes, donde lo más emocionante que teníamos era un McDonald's, he tenido la suerte de caminar por la Muralla China. He tenido la suerte de viajar por Europa y decirle a las personas, sí, soy de Venezuela. He tenido la suerte de conocer personas de varias partes del mundo. Tengo amigos en Argentina. Tengo amigos en Colombia, en Dubai, en Kuala Lumpur, en el Congo. Entonces, soy una apasionada. En Chile. En Brasil.

Brasil, sí. ¿Te acuerdas de la canción? Moro, no país tropical. Abenzoado por Dios. Entonces, esa soy yo.

P: Y bonita por la naturaleza.  Gracias por esa presentación.

Y yo quiero honrar en esta entrevista contigo a un héroe que tengo. Un héroe que es muy conocido por otros nerds. Es un crítico literario que se llama Bernard Pivot. Y él tenía hace muchos años un programa que se llama Bouillon de Culture, donde entrevistaba a personas relacionadas con arte, literatura. Y él quedó famoso en el mundo del periodismo por sus preguntas raras. Y las mezclaba con cosas muy personales también.

Entonces, mi primera pregunta para ti es, ¿cuál es el ruido o sonido que amas?

B: El ruido, el cantar de las aves al amanecer. Lo amo. Todos los días me despiertan con su cantar. Ese ruido lo amo.

P: ¿Y el ruido que más detestas?

B: El tráfico vehicular. Sí, los vehículos desesperados por llegar no sé a dónde.

P: Bueno, siempre van a alguna parte. Esa es la parte segura.

B: Sí. Pero cuando se desesperan con las bocinas, porque quieren empujar al otro con su bocina, ese es el ruido que me desespera.

P: Está claro. Y ahora tú haces miles de cosas. No sé si quieres hacer una rápida pasada por esas miles de cosas que haces para contarnos.

B: Quién te dijo que yo hago miles de cosas.

P: Ah, un pajarito de esos que cantan en la mañana.

B: Mira, sí. Hago procesos de coaching.  Acompaño a las personas a través del coaching para descubrir su potencial, para maximizar ese potencial, para descubrir que dentro de sí hay soluciones, hay herramientas, hay luz, hay sabiduría.    Y no solo acompaño a personas en su ámbito diario, rutinario, sino también a profesionales, a líderes que enfrentan desafíos todos los días, de todo tamaño.

Si no estoy haciendo coaching, estoy facilitando experiencias de aprendizaje. Es algo que amo.  Alguna vez, yo dije, ¿yo, dictar clases?. Y resulta que es lo que más hago hoy en día. Porque me permite estar en un ambiente en línea o presencial, precisamente rodeada de personas con historias de vida, con experiencias, con curiosidades, y listas para aprender y seguir construyendo aprendizaje.   Entonces, esas son las dos cosas que más hago. Coaching y facilitar experiencias de aprendizaje.

P: Pero eso es en un área. Y en las otras, ¿qué haces?

B: A ver, me muevo mucho en redes sociales, compartiendo videos, compartiendo contenido, información de valor.

P: Pero eso es tuyo también. Eso es profesional también.

B: Te cuento que me gusta cocinar, Paul. Amo cocinar.

P: ¡Qué maravilla! ¿Qué cocinas?

B: Lo más desafiante. Mira, me encanta hacer desde un pastel hasta un pavo relleno.

Acá en Colombia hay una comida que se llama la lechona, que es un cerdo pequeño que rellenan con arroz, con carne de cerdo. Y yo me atreví. Eso lo hacen en un horno de barro. Yo me atreví a hacerlo en la cocina de mi apartamento de otra manera.  Entonces, mientras más difícil sea el reto en la cocina, mejor. Pero me gusta cocinar rodeada de mi familia, de amigos, con una buena copa de vino y música. Y mientras estoy cocinando, estoy cantando. Ya viste que me gusta cantar. Y canto en el momento que quiera, canto.

P: Fantástico. ¿Y cómo logras ese equilibrio entre tantas cosas que haces en lo profesional y los retos de la cocina, las niñas maravillosas que dijiste que tienes? ¿Cómo haces eso?

B: Fíjate que lo estoy investigando. No sé. Tengo una amiga muy querida estadounidense que tiene 80 años y me dice, “yo quiero tomar de las vitaminas que tú tomas”. Porque a veces, wow, por el término del día, estoy tomando una certificación como team coach. Yo estoy estudiando portugués también. Estoy en mi nivel 5 de portugués.

Coaching. Facilita la experiencia de aprendizaje. Cocina. Canta. Además de eso, estudia portugués. Sí, entonces, yo creo que esta pasión por la vida es no quererme perder nada.

Ojo que también estoy muy pendiente de mis horas de sueño. Mínimo siete horas. Siempre procuro dormir al menos siete horas de la noche y cuidarme mucho como me alimento. Voy al gimnasio al menos cuatro veces a la semana. Y adivina cuáles son las clases favoritas. La de baile. Hay una clase que se llama Smart Combat, que es como kickboxing, pero bailando. La alegría de la vida es lo que más disfruto. Qué bonito descubrir. Cada segundo descubro algo nuevo.

P: ¡Qué genial! Así que lo haces, pero no sabes cómo. Como que necesitaras un coach para ganar conciencia.

B: Oye, sí. Yo creo que las experiencias de vida, la experiencia de ir al gimnasio, la experiencia de entrar a mi oficina y saludar al portero, o del edificio; eso a mí me inyecta energía, saberme el nombre de la persona. Mi portero se llama Arnulfo. Y darle los buenos días a Don Arnulfo, “cómo está”. Y mirarlo a los ojos. Solamente con que él se sonríe porque dije su nombre, y me mira a los ojos. Eso a mí me da vitamina. Eso me da ganas de seguir caminando. Y seguir saludando. Y seguir recordando nombres.

P: Qué fantástico. ¿Y hay alguna profesión que no te hubiera gustado hacer?

B: Ay, qué pregunta tan difícil.

P: Y ser políticamente correcta.

B: Quizás no me hubiese gustado ser juez. Estar en los tribunales y escuchar historias.

P: Pero podrías haber sido jueza.

B: Quizás. Nunca he pensado en una profesión que no hubiese querido hacer.

P: Hay varias, ¿ah? Hay muchas.

B: No, mira. ¿Sabes qué? Quizás para medicina no hubiese servido. ¿Sabes por qué? Porque veo un poquito de sangre y me desmayo.

P: No, efectivamente. Claro. Estarías como administrativa en una clínica u hospital, más que con un paciente.

B: Sí, en la parte administrativa definitivamente sí.

P: ¿Y qué te motiva como coach a hacer lo que haces en ese día a día por estar con la gente?

B: Me mueve mucho el hecho de que yo siento que tenemos hambre de ser escuchados. Los seres humanos en general, sea quien sea, necesitamos ser escuchados. Y estamos tan ajetreados día a día. Estamos tan apurados que nos olvidamos de escuchar.

Paul, a veces entro a la lavandería a dejar una prenda de ropa y salgo una hora después. La persona que me recibe la prenda de ropa, por alguna razón empieza una conversación y yo le digo, “¿En serio? ¿Y cómo llegaste acá?” Me pasó. La dueña de la lavandería en Houston, cuando vivía en Houston, era de Venezuela. Y yo le digo, “¿Cómo lograste tener un negocio en Estados Unidos?” Porque para mí era algo muy difícil, muy desafiante. Y aprovechamos que no habían clientes alrededor. Ella tenía tiempo, yo tenía tiempo y me contó la historia de su vida. Entonces ahí es donde yo digo, necesitamos ser escuchados. Y de allí salió una amistad muy bonita.

Entonces, ¿Qué me motiva a mí a estar en el coaching? El hecho de dedicarle tiempo a una persona que yo sé que necesita ser escuchada. Y hacerle preguntas, e interesarme por lo que quiere hacer y acompañarlo. A celebrar sus fracasos y sus éxitos.

Y me encanta ver la luz en sus ojos cuando se dan cuenta de, “¡Ah! No me había dado cuenta. Ahora que me preguntas eso, tienes razón”. Entonces, esa luz, ese brillo en sus ojos, esa sonrisa, o la lágrima. La lágrima cuando le digo, “¿Qué aprendiste de ti en esto que te acaba de suceder?” Y ese silencio. Ese silencio que hacen. Baja la mirada. Se sale la lágrima y luego levanta. Eso me parece mágico. Entonces poder estar allí para presenciarlo. Para ver cómo el ser humano se da cuenta de lo grandioso que es. Cómo el ser humano se da cuenta de que el aprendizaje y el valor está allí. Solo que estaba dormido. Que no habías tenido tiempo de tomar una pausa y darte cuenta “Soy yo”. Juego con eso. Eso es lo que me mueve a hacer.

P: ¡Qué lindo! ¿Y qué pregunta te recuerdas que hayas notado así como un impacto directo en la persona o tal vez en algún proceso? Una de las miles o cientos de miles que hayas hecho.

B: Muchas hemos hecho.

P: Pero alguna que hayas quedado así medio improntada con haberla hecho y percibir el impacto que causó en la persona.

B: Cuando le pregunto, “¿de qué te acabas de dar cuenta?” Cuando pregunto eso, hay una pausa. Hay un silencio. Y viene el brillo en los ojos, en la mirada y en la sonrisa.

P: Una gran toma de conciencia ahí con esa pregunta. Muy buena pregunta además.

 ¿Cuál es tu palabra favorita?

B: Alegría. Sí, alegría me gusta.

P: ¿Y hay alguna palabra que no te guste?

B: La palabra que no me gusta quizás es estrés. No me gusta la palabra estrés.

P: ¿Y a qué se debe que la mencionas?

B: Tú sí sabes. ¿A qué se debe que la mencione?

 Mira, en mi vida, en mis 50, en los primeros 50 añitos de vida que acabo de cumplir, me he llevado varios sustos. Situaciones muy, muy estresantes, de mucha presión, que me han hecho llorar, que me han hecho como encogerme, que me han asustado y me han causado mucho dolor. Entonces, por eso pienso cuando me dicen palabras que no me gustan,

recuerdo el estrés de esas situaciones, lo asocio, ¿no?

 Y sin embargo, ¿sabes qué? A pesar de que no me guste esta palabra o esas situaciones, reconozco que la persona en la que yo me convertí después de esas situaciones, ¡guau! Es decir, me gusta la transformación después de lo que pasa conmigo, después de lo que me doy cuenta y de lo que empiezo a hacer diferente, cómo salgo más fortalecida, con un nuevo conocimiento, una nueva habilidad.

Entonces, he llegado al punto de que me despierto en las mañanas con mis pajaritos y digo, vida, sorpréndeme.

P: ¡Qué bueno! Acá sonaría raro, así como despierto con mis pajaritos, como dando vueltas.

Está bien, y lo siento por haberte traído ese recuerdo.

Tú estás ahora presidiendo una gran organización y que además, en Colombia, en parte es exitosa gracias a tu trabajo y de tus antecesoras, que tuve el gusto de conocer, y tu gran liderazgo y carisma para aunar distintas posiciones, que tal vez no sería tan fácil sin tu persona que lo concita. ¿Cómo vives ese liderazgo que pude presenciar en Cartagena de Indias?

B: Gracias, Paul. Gracias por esa pregunta, porque realmente es todo un desafío. Esto es un liderazgo voluntario. Hacer parte de la junta directiva de la Federación Internacional de Coaching en Colombia realmente es un desafío que he asumido con mucho cariño, porque es una de esas otras historias de las que sé que voy a salir completamente diferente, fortalecida y con mucho aprendizaje. Es la primera vez que lidero una entidad similar, sin ánimo de lucro. Y obviamente, yo comencé en la Federación de Coaching en Colombia en el 2017 y recuerdo que cuando llegué, mi primer rol de liderazgo voluntario fue ayudar a llenar el kit del participante, la bolsita, en un evento. Y yo buscaba comunidad, familia, amigos, conocer. Me certifiqué como coach y ¿ahora qué?

Luego, poco a poco, fui asistente de la directora de afiliaciones y membresías. Fui conociendo el mundo de adentro del coaching, y ahora qué, y la federación, y la comunidad, y lo que es gremio. Y poco a poco, conocer a los coaches y conocer a los líderes que estaban también en juntas directivas previas fue alimentando en mí esta necesidad de yo también quiero apoyar, yo también quiero abrir camino para los coaches en Colombia. Obvio, pues no es nada fácil, pero... las personas con las que he trabajado en las juntas directivas previas me han iluminado con su sabiduría, con su conocimiento, con lo que me han compartido. He aprendido mucho de ellos, de los líderes previos.

Y dije, ¿por qué no? Yo también quiero ayudar a escribir la historia del ICF en Colombia.

¿Cómo lo vivo? Comunicándome mucho con mi equipo, hablo mucho con ellos. Y no lo hago desde el lugar de, yo soy presidenta y ustedes son mi equipo. No, yo lo hago de, somos compañeros. Por supuesto, soy la cabeza más visible, la primera que recibe los dardos.

P: O las flores, también. Sí, han sido muchas flores todo lo que han hecho ustedes. Tienen un equipo maravilloso.

B: Gracias, comunicación constante. Estamos por llamada telefónica, por WhatsApp. El lunes nos vamos a reunir aquí en mi oficina y darles de lo que yo sé dar, de empatía, cariño.

Y abrirles la puerta para que también me compartan cuáles son tus inquietudes

y cómo quieres tú formar parte de la historia del ICF Colombia. ¿Qué quieres que suceda aquí?

P: Claro. Y esa es una muy buena pregunta. ¿Qué quieres tú que suceda con tu liderazgo y con la organización que lideras? En el futuro, en tu mandato, por así ponerlo.

 

B: En mi gobierno. Hasta marzo del 2025 vamos a estar acá. ¿Qué quiero que suceda? Quiero que los miembros del ICF Colombia se sientan acompañados. Que encuentren las respuestas que andan buscando. Que si no consiguen eso que andan buscando para vivir del coaching profesional, para acompañar a otras personas, ayudarlos a buscar. Que si yo no tengo la respuesta en equipo, los ayudemos a buscar esa respuesta. Y que consigan en nosotros una comunidad de apoyo. Pero no solo eso. Una vez que tengan su comunidad de apoyo, también yo los quiero acompañar a que ganen visibilidad. Porque todavía en Latinoamérica hay muchas empresas y muchas personas que no saben lo que es trabajar con un coach profesional certificado. Porque lamentablemente muchas personas salen a vender servicios de coaching y no son profesionales calificados. Entonces, por ende, le han hecho daño a personas y le han hecho daño a empresas.

Entonces yo lo que quiero es que cada día más personas y más empresas en Colombia se enteren que es necesario poner sus manos y sus inquietudes en las mejores manos, en manos apropiadas, en personas entrenadas, en personas certificadas. Eso es lo que quiero que suceda durante mi tiempo en el ICF Colombia.

P: Es una linda visión, porque en realidad es para toda la comunidad de coaches del mundo.

Creo que tenemos esa misma necesidad de profesionales, profesionalizar la actividad al máximo. Y no dejarla así como al aire nomás, como al destino del viento. Me parece súper bien.  Quiero preguntarte algo. Ahora, como has visto, estamos saltando de un lado a otro. Y quiero preguntarte, ¿cómo eras tú de chica? A los nueve, diez años.

B: ¿Cómo era? Muy curiosa, quizás. Muy tímida, muy tímida, pero muy responsable, ¿sabes?

Mis padres se divorciaron cuando yo solo tenía cinco años y mi madre estaba embarazada de mi hermano. Y yo a los diez años me convertí en la mamá de mi hermano. A nosotros nos cuidaban las tías, las primas, los tíos, los vecinos. Pero cuando yo cumplí diez años, y mi mamá salía a trabajar y me decía, cuida de tu hermano, entonces, ella dejaba todo listo, todo avanzado. Por ejemplo, el almuerzo, no se me olvida de acá de mi mente que mi mamá nos dejaba el almuerzo listo en un sartén eléctrico cuadrado y con papel aluminio. Hacía las divisiones, aquí estaba el arroz, los frijoles, la carne. Y yo llegaba del colegio y giraba una perilla para que eso se calentara y le servía comida a mi hermano. Limpiaba la cocina, lo ayudaba a ir a bañarse y hacer las tareas. Entonces, esa era yo. Una chica tímida, curiosa, que se convirtió en la madre de su hermano.

Y yo creo que mi historia ha sido la mejor historia que yo pude recibir, porque eso me convirtió en la mujer que soy hoy, en la madre que soy hoy.

Ella era yo a los nueve, diez años.

P: Genial. ¿Y en qué momento dejaste esa timidez? ¿Qué ocurrió?

B: ¿Qué pasó? Sí, te dije que la ciudad era muy pequeña, y resulta que mi padre era presidente del Rotary Club y también era presidente de la Fundación de Bomberos. Era el administrador de la Fundación del Cuerpo de Bomberos. Entonces, mucha gente lo conocía. Donde yo llegaba, decían, “llegó la hija de Berto, llegó la hija de Berto” y me trataban como una reina. Y eso a mí me encantaba. Me di cuenta que mi papá era un gran orador y era presidente también del Comité de Padres en el colegio.

O sea, fíjate. ¿Cómo hacía tantas cosas? ¿A quién se te parece este señor?

 Sí, a mí me daba un orgullo cuando mi padre llegaba a mi salón de clases a compartir una noticia del Comité de Padres y decía, “este es mi papá”. Como yo no vivía con él, la manera de estar cerca de él era participando en actividades del colegio. Alguna vez el director dijo, “bueno, vamos a hacer una entrevista en la radio por el aniversario del colegio. ¿Quién quiere ir?” Y yo, inmediatamente “Yo, yo”. “Hay que decir unas palabras del Día de las Madres”. “Yo”. “Estamos formando un grupo de música folclórica del Estado Zulia. La música típica es la gaita. ¿Quién quiere cantar en el grupo?”. “Yo”.

Entonces, de alguna manera, era darle el orgullo a papá y a mamá. Y de ahí empezó, de ahí empezó eso de salir al público, de agarrar un micrófono, porque veía lo feliz que se ponía mi papá y se acercaba al colegio a verme y andaba. Entonces, sospecho que lo hice para captar la atención de papá.

P: Yo creo que lo hiciste, no sé si me permites una opinión, lo hiciste por amor.

B: Sí. Por amor, por amor a papá y a mamá. Una forma de honrarlos, sí.

P: Súper lindo. Nos salimos de ahí. Y te vas a ir a lo que es tu vida profesional. Quisiera preguntarte, ¿qué pasa con los liderazgos en algunas organizaciones que a veces son tan duros y tratan tan a patadas a la gente?

B: Qué buena pregunta. Mira, yo pienso que esta clase de líderes tiene temas pendientes. A esta clase de líderes quizás les faltó algo de amor en sus vidas y necesitan llenar ese vacío de amor con esta imposición, ¿no? Este demostrar que yo sí puedo, que yo sí soy y que aquí se hace lo que yo diga. Pienso que a estas personas les falta documentarse más y abrirse más al aprendizaje y saber qué está pasando allá afuera y saber que el nuevo liderazgo no está en mandar y en imponerse. No está en dar órdenes y dar instrucciones, sino preguntarle a las personas que están contigo en el equipo, “¿cómo se te ocurre a ti que lo podemos hacer mejor?” Y crear un ambiente agradable. Estas personas no saben que hoy en día estamos hablando mucho de la seguridad psicológica en el ambiente de trabajo, el psychological safety, que nos propone Amy Edmondson, y que mientras ellos propician este ambiente de trabajo de seguridad psicológica van a contar con personas más comprometidas. No se han dado cuenta que el ingrediente más importante para crear equipos de alto desempeño y llegar donde ellos quieren llegar a las patadas, se puede hacer de otra manera, a través de sembrar confianza y crear vínculos fuertes de confianza.

Entonces pienso que eso es lo que está pasando. Y quizás quedan pocos, ya no me tropiezo tantos líderes así, en el ámbito político sí los veo más, pero... Pienso que es eso, les falta amor, les falta documentarse, les falta ese open mind, esta mente abierta y estar dispuestos a aprender, de qué otra manera puedo llegar lejos, de manera que generamos un impacto positivo.

No se están dando cuenta de que la gente se le va de las organizaciones y que hoy en día nosotros, los seres humanos tienen el sartén por el mango y pueden decidir dónde quiero estar, dónde me siento mejor, dónde quiero trabajar.

P: Y tú mencionaste la política. No sé, ¿cuánto se hace de coaching en Colombia como coaching político? O sea, coaching a políticos.

B: No tengo ese dato, Paul, realmente no tengo ese dato. Pero realmente el coaching en Colombia tiene todavía mucho por hacer, mucho futuro. Afortunadamente hay varias universidades que tienen maestrías relacionadas con el coaching y se están dando estudios, trabajos de investigación, para los que están aspirando a su título como de maestría, ya se está incursionando en estudiar cómo el coaching puede beneficiar a las organizaciones. No tenemos datos y cifras exactas de cómo el coaching está incursionando en el ámbito de la política, pero yo creo que sería una buena herramienta.

P: Sí, en algunos países es bastante más fuerte que en otros. Y también, bueno, depende del contexto, de la cultura, entonces, y de las necesidades. Es bastante complejo. Sin embargo, pareciera que sobre todo eso priman las encuestas. Entonces, un trabajo se puede ir por la borda en la necesidad de que el candidato o futuro candidato a algo perciba que aquello que iba a decir, ya no es lo que quiere decir. Entonces, hemos tenido experiencias donde se ve complejo.

Y en este desarrollarte como persona, como profesional, como presidenta, como creadora de estados distintos de las personas, ¿cómo te ves tú en unos 30, 40 años más?

B: ¿Cómo me veo? ¿Cómo me veo? Mira, escribiendo libros. Admiro mucho la vida de Isabel Allende, cómo ella vive en San Francisco, en Estados Unidos, en un estudio hermoso, tiene una oficina divina y está escribiendo.

Así me veo yo. Quiero estar escribiendo. Quiero seguir conversando con las personas. Quiero seguir haciendo coaching. Quiero seguir dictando experiencias de aprendizaje o charlas, conferencias.

¿Sabes qué? Siempre digo que yo sería feliz si paso todo el día sentada en un café, en un sitio muy agradable, rodeado de plantas, que sea bien agradable, y conversando con todo el que pase.

P: ¡Qué fantástico! Bueno, ¿y qué tipo de libros quisieras escribir?

B:  Anecdóticos. Me gustaría contar historias a partir de mis propias experiencias. De lo que viví y de lo que he aprendido a través de las vivencias de otros. Porque se aprende tanto. Se aprende tanto de cómo libraste un desafío, de cómo pasaste por un miedo, de, por ejemplo, mi historia de que pasé de una ciudad pequeñita a vivir en cuatro países diferentes en diez años. Viví en México, viví en Colombia, viví en Houston, y yo siempre digo, mira, seré feliz en cualquier lugar, porque la felicidad la hacemos nosotros, el ambiente lo hacemos nosotros.

Entonces, yo quiero hablar de eso en mis libros, de las historias que he escuchado, de las

historias que he vivido, de cómo he enfrentado desafíos, y compartirle esas historias a otras personas para que vean que en los detalles sencillos de la vida, del día a día, hay fabulosos aprendizaje, hay fabulosas experiencias que nos pueden ayudar a seguir adelante. Y que nos pueden ayudar a abrirle la puerta a los demás.

P: ¡Qué fantástico! Y para los como New Kids on the Block, así, los que vengan, ¿qué tendrías tú que recomendarles, que decirles como consejos, como ideas? Porque tú has transitado también, todos hemos sido iniciantes y aprendices en algún momento. ¿Qué les dirías tú?

B: A los New Kids on the Block. Tengo una hija de 25 años y una de 19 años, te dije. ¿Qué hago con ellas? Converso mucho. Converso abiertamente de varios temas, a veces les digo a mis hijas que necesito una enciclopedia para poder seguir las conversaciones que tenemos en la hora del almuerzo o la hora de la comida.

Yo les diría que se permitan tener conversaciones con personas de diferentes generaciones, porque está pasando que nuestros jóvenes en estas edades que te estoy comentando que tienen mis hijas, veo sus compañeros y están muy inmersos en la tecnología. Veo que les da miedo ir a una tienda a comprar una libra de arroz, o que les da miedo hacer una llamada telefónica, hacer un reclamo a la gente de su compañía celular. Parece que les diera pena o temen o no confían en sus habilidades para comunicar. Entonces, ¿qué les digo?

Practicar la comunicación. Que saquen sus ojitos de las redes sociales y del celular para mirar a los ojos de las personas que están al frente y descubrir el mundo que está en los ojos de la persona que está al frente. Que se den el permiso de escuchar y se den el permiso de compartir eso tan maravilloso que tienen para compartir, porque nuestros jóvenes son un tesoro. Cuando se deciden a hablar, oh, por Dios, yo escucho a lo lejos las conversaciones de mi hija menor con sus amigos, con su novio, y digo, “parecen filósofos”. Cuando ellos se sienten en confianza, las conversaciones que surgen, oh, por Dios, cómo analizan la vida. Entonces, expandan ese círculo. Vamos a hablar más allá de ese círculo y sembrar esa confianza más allá.

P: Y aparte de lo que dices tú, tal vez de ese temor de comunicarse, es que están hiperconectados y comunicados también. Entonces, es paradojal. Y es muy buen punto, porque no es que les falta, les sobra, pero la humana a veces es la que no está presente, ¿no?

B: El contacto humano. Eso no está presente.

P: No, e incluso ahora con lo que se viene, con estos servicios con avatars, que interpretan y hablan y tú puedes estar hablando. De hecho, me preguntaba si tú eras humana o eres un avatar. Como por todo lo que haces, eres como superwoman.

Así que esa parte es compleja para esta generación que viene. Muy cierto.

B: ¿Sabes qué? Quiero agregar algo allí, porque nuestros jóvenes están viviendo mucha presión y presión de ellos mismos por cumplir estándares. Son muy, muy duros con sus juicios y se están haciendo daño. Sufren, sufren en silencio. Sufren en silencio por la presión de sus propios compañeros. Yo he visto y he escuchado jóvenes de 18 años sufrir por las críticas de sus compañeros. Y sufren como cuando los compañeros deciden aislarlos. Aislarlos porque no cumplen con estándares o porque no se adaptan a las normas y reglas de conducta que ellos mismos han establecido.

Y hay jóvenes maravillosos, llenos de tanto talento, habilidad y bondad que están sufriendo demasiado por esa presión. Entonces yo les diría, a ver, sean más suaves con su propia generación. Sean más suaves con sus compañeros. Por favor, escuchen. Por favor, miren a los ojos. Por favor, tengan compasión. No lástima. Tengan compasión de lo que está viviendo el otro. Porque eso está causando estragos. No solamente en salud mental, que lamentablemente termina en suicidio, sino también autoestima. Hay una crisis de confianza tremenda en los jóvenes que yo veo a mi alrededor. No me atrevo a generalizar, pero lo que yo estoy viendo a mi alrededor es preocupante. Y yo les diría que hay que prestarle atención a eso.

P: Qué bueno. Es un lindo mensaje eso de que miren a los ojos, que presten atención, que se comuniquen. Y que sean como tal vez más condescendientes con ellos mismos, ¿no?

Como mencionas tú en esos estándares y formas de vivir la vida.

¿Qué quisieras decirnos a nosotros de Icimag, de la revista, como despedida de esta linda entrevista que nos has brindado?

B: ¿Qué les quiero decir? Agradecerles enormemente por difundir información de valor. Por compartir con la humanidad, con la comunidad de influencia inmediata y más allá, porque directamente están ayudando a otras personas y están llegando otras personas.

Gracias por esa labor. Necesitamos seguir en esto. Necesitamos seguir compartiendo la buena nueva de herramientas que nos ayuden a cuidar de nosotros como seres humanos. Hay herramientas que nos ayuden a cuidar de nuestra salud mental y de nuestra convivencia. Gracias por eso. Por compartir.

Y por favor, sigan adelante. No desfallecer en el intento. Sí, por favor, ayúdennos con estas publicaciones, con este material tan valioso. Ayúdennos a seguir cuidando de la humanidad.

P: Muchas gracias a ti por tus palabras, por la misma entrevista. Y para ti, espero que percibas al mismo tiempo que eres un gran ejemplo para mucha gente y para nosotros también. En el sentido de que el pesimismo imperante afuera es tan grande, pero tú, con tu sonrisa, con tu fuerza, con tu energía, ese optimismo, haces que se transforme y todo se ilumine. Así que miles de gracias por todo.

B: Gracias, Paul. Qué linda invitación, qué lindas palabras. Muchas gracias.

P: Gracias a ti. Muchas gracias a ti.

 

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